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Frank Fernández: un cubano por derecho
2008.02.15
Por: Raúl Fuillerat Alfonso

frank fernández Frank Fernández Tamayo, nuestro irrepetible pianista, nació un 16 de marzo de 1944, en Mayarí Abajo, en la antigua provincia de Oriente. Su vocación e interés por el teclado viene desde muy pequeño, en que pasaba horas observando el movimiento de las manos sobre el teclado de Altagracia Tamayo, su madre, profesora de piano y directora de la Academia Orbón, quien también lo estimuló a que se iniciara en el mundo de la pianística. A los 15 años se hace profesional, con una excelente preparación, y su desarrollo y evolución durante los restantes 45 años de su vida demostraron que “había madera”.

Su vida artística le ha servido para lograr el reconocimiento, y sobre todo el amor de su pueblo. Cuando hablamos de reconocimientos, no estamos precisamente pensando en la infinidad de premios, condecoraciones, presentaciones en las más importantes plazas del mundo, sino más bien en ese reconocimiento del maestro, como parte, como símbolo de nuestra cultura cubana, y además de ello, la valoración crítica, a propósito, muy saludable, que ha recibido por parte de un considerable número de músicos y críticos musicales de Cuba y de infinidad de partes del mundo.

James Michener, norteamericano y Premio Pullitzer, dijo del maestro: “Frank Fernández comenzó aquella noche su concierto en La Habana, es difícil definir la excitación que experimenté, me hundí profundamente en mi butaca y dejé que la música se deslizara sobre mí y una vez más fui hipnotizado por ella descubriendo uno de los grandes secretos del arte”. Otras de las críticas, aparecida en el France Press de París, escrita por P. San Román, expresa acerca del maestro cubano: “El público que colmaba la Sala 1 de la UNESCO en la celebración por el cincuentenario de esta organización en París, se rindió al pianista cubano ovacionando de pie cada una de sus interpretaciones, culminando con un delirio de aplausos”, mientras que Alfredo Fermín, valenciano, sintéticamente expresara: “Un verdadero monstruo en la interpretación del piano. Frank Fernández, un ser tocado por la divinidad”.

¿Por qué se produce este fenómeno, diría mágico, con Frank Fernández? ¿Por qué esa respuesta, lo mismo en los más experimentados músicos y artistas, que en aquella población media? En Frank no hay misterios, sino más bien autenticidad, entrega sincera, y sobre todo amor a la obra que hace y nos entrega. Estos son elementos suficientes para que una obra no solo pueda llegar a todos, sino lo que es más importante y difícil, perdurar. Frank lo logra con creces, porque Frank fue pasado, es presente y eterno futuro, porque Frank, sin lugar a dudas, perdurará junto a su obra.

La personalidad de Frank, en el sentido más estricto del concepto desde el enfoque psicológico, se caracteriza por sus capacidades, las cuales demuestra en el dominio de una depurada y personal técnica pianística, pudiéndose afirmar que hay “un pianismo a la manera de Frank”. Su dinámico temperamento y su alto nivel de creatividad le aportan brillantez y enriquece sus capacidades y finalmente, su carácter, sus cualidades humanas, su forma de andar por la vida, logran esa integridad que conceptualiza en el sentido más estricto a la tan llevada y traída personalidad. Sus cualidades carismáticas completan el fenómeno “Frank Fernández”. Si a su tenacidad, su fuerza de voluntad, y sobre todo, su sinceridad, le agregamos su oficio de maestro, su entrega total al desarrollo de nuestra cultura nacional, unido a su proyección internacional, la explicación a esa diversidad de públicos, de géneros que interpreta de forma magistral y a su derecho a trascender en la historia de la Música y de la Cultura cubana, están sobradamente fundamentados.

Infinidad de premios, reconocimientos y condecoraciones acompañan la carrera artística del maestro Fernández. Podríamos citar su recital en Tokío, seleccionado entre los 10 eventos más importantes de Japón en 1992; su interpretación del Concierto No.1 de Tchaikovski, en la misma Sala Smetana de Praga, en la que 100 años antes fuera estrenado por el propio Tchaikovski como director de orquesta; ser el primer latinoamericano en estrenar en una sala de Cámara en Alemania, el Schauspielhaus de Berlín, abriendo el Ciclo Grandes Maestros del Piano; y su presentación en la Gala de Clausura por el cincuentenario de la UNESCO en París, entre otros importantes eventos.

Frank ha interpretado en Polonia a Chopin, en Moscú a Rachmaninov y Tchaikovski, en Alemania a Schumann y Beethoven y en Cuba a Cervantes y Lecuona. No solo ha sido un estudioso de los músicos clásicos de todo el mundo, sino que también, como creador, ha podido enriquecer el acervo musical de nuestro país. Su “Zapateo por derecho”, merece mención aparte, tema obligado a la hora de hablar de la historia y de la evolución de la música cubana. Su obra para radio, televisión y cine, ha creado precedentes en la historia de los medios de comunicación sociales, en la que se destaca la obra creada para seriales o telenovelas, como fue el caso de “Tierra Brava”.

Como maestro, forma a los primeros alumnos laureados internacionales, los cuales solo recibieron el magisterio de su docencia en Cuba, y no en conservatorios foráneos, obteniendo estos discípulos decenas de premios internacionales en concursos como el “Tchaikovski” y el “Margaret Long”, entre otros.

Frank, es genial por sus capacidades, por su tecnicismo, por su personalidad como humano y como músico, por su carisma, por su sensibilidad y habilidades para la comunicación, por su amplio espectro que le permite asumir los más disímiles géneros, y sobre todo, por su sinceridad y amor en la entrega de su obra. Es capaz de tocar todo el repertorio pianístico, pero desde un estilo único e irrepetible. Frank es, por encima de todo, “un cubanazo”, de esos “de verdad”, y por todas estas razones, y muchas más que harían interminable esta crónica, Frank es una de las grandes joyas de nuestra cultura nacional.

Doctor Honoris Causa en Arte, la Orden “Félix Varela” de Primer Grado y todas las distinciones y órdenes otorgadas por la Cultura Nacional, con el Premio Rafael Alberti por “aportes a la humanidad”, con el “Escudo de Bogotá”, entre otros, son los reconocimientos.

Una amplia discografía avala la carrera profesional exitosa de este pianista nuestro, y sobre todo cubano por derecho como su zapateo. Habría que distinguir su versatilidad y el amplio espectro que abarca su obra profesional, encontrándolo lo mismo junto a la Orquesta Sinfónica Nacional, que en la producción de discos de un sonero de la estatura de Adalberto Álvarez, o de una interprete de lujo como Celina González, o quizás en el ambiente intimista que provocó con el disco “Milagros”, junto a Anabell López, o en uno de sus últimos sucesos discográficos cuando presenta a la joven y talentosa Bárbara Llanes o el ya antológico fonograma junto al boricua Danny Rivera, discos hechos con todas las de ley, y como lo hace un músico “de verdad”. A todo esto se suma su intenso trabajo dentro del Movimiento de la Nueva Trova, su oficio de compositor, orquestador y productor, recibiendo entre otros lauros, el Gran Premio de la Música Clásica, y el Premio de Honor de Cubadisco.

Ese es el Frank Fernández, aquel que podemos admirar, disfrutar y aplaudir hasta el delirio, lo mismo en el “Amadeo Roldán”, que en una emisión del tele musical “Bravo”, que “En Familia con Alfredo”, que en medio de una gran plaza. Siempre atinado y adecuado a todos los públicos, porque este artista de primera clase sabe, sobre todas las cosas, que no es un artista elitista, sino un artista querido por un pueblo, que a pesar de sus diferentes niveles de socialización, lo ha hecho suyo, y saben perfectamente que el pianista de Mayarí Abajo, llegó para ser nuestro y sobre todo para ser eso, un cubano por derecho propio.